"Es un mercadillo medieval. Los hay en todas partes. Es un negocio para el ayuntamiento". Es lo que se oye a pie de calle. O, más concretamente, lo que yo oí en la C/ Luna el otro día. Y es que hay un Mercado Medieval en la Plaza de la Luna de Madrid.
Cierto que no es el primer mercado medieval que se hace. Cierto que, a lo mejor, el encanto que tiene siendo novedad, puede que ahora lo haya perdido en parte. Y cierto también, que no deja de suponer un beneficio para el ayuntamiento. Pero de ahí a decirlo con ese desprecio...
Hay mercados medievales más grandes y más pequeños. Los hay más bonitos y más feos. E incluso los hay que cambian la forma de vida de todo un pueblo, así como su decoración urbana, durante unos días. Pero este de la Plaza de la Luna debo reconocer que no está nada mal.
Es grande. Es bonito. Y es muy variado. Puedes encontrar (como es habitual en este tipo de mercados) desde puestos de juguetes de madera, hasta puestos de anillos artesanos, pasando por puestos de todo tipo de comida. De estos últimos yo destacaría dos, por distintos motivos.
Un par de puestos de comida que hay en la plaza estos días tienen expuestas unas sendas rebanadas de pan con tomatito picado, aceite, jamón... o bien con chorizo, o con queso, o con... ¡Es que sólo de mirarlas se hacía la boca agua!
Otro de los puestos de alimentación que me llamó la atención era uno de dulces que sí podían ser medievales, como almendras garrapiñadas, por ejemplo, y otros dulces que dudo mucho que existieran por aquel entonces, como, por ejemplo, las chuches.
Este tipo de mercados es negocio seguro para los ayuntamientos, sí. Pero también es una delicia para los ciudadanos. Y un modo de vida para los artesanos medievales, que, aún en nuestros días, siguen existiendo.
Os animo a ir a visitarlo.
10 de mayo de 2009
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