El Premio Cervantes este año se le ha otorgado a Juan Marsé, catalán. Esto de Catalán es algo que se menciona bastante en las crónicas de los diferentes periódicos. Según dijo él en su discurso, Marsé es "un catalán que escribe en castellano y nunca he visto nada anormal en ello". Y es que no lo hay. Como si escribiera en catalán, tampoco habría nada anormal en ello, puesto que es catalán. Pero es que, yendo más lejos aún, aunque escribiese en polaco, si es su forma de expresar sus historias, nada anormal hay en ello. Sería un poco raro, lo de que escribiera en polaco, pero anormal no.
A parte del idioma hay otras cosas de las que habló en su discurso ayer y que destacan los periódicos, como su crítica a los medios de comunicación, que según él "son abrumadores y no dejan tiempo para la reflexión"; o como su alusión a lo que es la memoria histórica, por ejemplo. De estas dos cosas sólo diré un par de apuntes que me parecen interesantes, pero después me centraré a lo que me ha llevado a dedicar la entrada de hoy a este escritor.
Dijo Marsé ayer en Alcalá de Henares: "A riesgo de equivocarme, soy del parecer que más de la mitad de lo que hoy entendemos por cultura popular proviene y se nutre de lo que no merece ser visto ni oído en la televisión". Me parece una afirmación ante la que hay que quitarse el sombrero. Y es que en la televisión de hoy en día prima más los índices de audiencias que los niveles culturales.
En otro orden de cosas, sobre la memoria y su papel en su oficio, dijo que en la literatura "imaginación y memoria son dos palabras que van siempre entrelazadas" y que "un escritor no es nada sin imaginación, pero tampoco sin memoria, sea ésta personal o colectiva". El olvido es el peor castigo, creo yo.
Si hay algo que destaca de las letras que le han dedicado hoy los periódicos a Marsé es que son muy bonitas palabras. Y precisamente sobre la belleza del lenguaje habló también él. Pues según dijo, más que el tema de la historia, lo que la va a hacer que perviva en el tiempo es el buen lenguaje que se emplee en ella. Pero el lenguaje no lo es todo. Es parte importante, no lo dudo, pero Marsé reivindicó la literatura hecha de buenas historias.
¡Qué difícil es encontrar una buena historia que contar! Lo malo de esto es que hay escritores que, no habiendo encontrado una buena historia que contar, cuentan la primera historia que se les ocurre. No le quito merito, pues bastante difícil es ya escribir una historia, aunque sea mediocre, pero encontrar una buena, buena, buena historia que leer se convierte muchas veces en un gran reto. Pero eso sí, por otra parte, este hecho hace que encontrar esa buena historia bien escrita sea una verdadera delicia.
A parte del idioma hay otras cosas de las que habló en su discurso ayer y que destacan los periódicos, como su crítica a los medios de comunicación, que según él "son abrumadores y no dejan tiempo para la reflexión"; o como su alusión a lo que es la memoria histórica, por ejemplo. De estas dos cosas sólo diré un par de apuntes que me parecen interesantes, pero después me centraré a lo que me ha llevado a dedicar la entrada de hoy a este escritor.
Dijo Marsé ayer en Alcalá de Henares: "A riesgo de equivocarme, soy del parecer que más de la mitad de lo que hoy entendemos por cultura popular proviene y se nutre de lo que no merece ser visto ni oído en la televisión". Me parece una afirmación ante la que hay que quitarse el sombrero. Y es que en la televisión de hoy en día prima más los índices de audiencias que los niveles culturales.
En otro orden de cosas, sobre la memoria y su papel en su oficio, dijo que en la literatura "imaginación y memoria son dos palabras que van siempre entrelazadas" y que "un escritor no es nada sin imaginación, pero tampoco sin memoria, sea ésta personal o colectiva". El olvido es el peor castigo, creo yo.
Si hay algo que destaca de las letras que le han dedicado hoy los periódicos a Marsé es que son muy bonitas palabras. Y precisamente sobre la belleza del lenguaje habló también él. Pues según dijo, más que el tema de la historia, lo que la va a hacer que perviva en el tiempo es el buen lenguaje que se emplee en ella. Pero el lenguaje no lo es todo. Es parte importante, no lo dudo, pero Marsé reivindicó la literatura hecha de buenas historias.
¡Qué difícil es encontrar una buena historia que contar! Lo malo de esto es que hay escritores que, no habiendo encontrado una buena historia que contar, cuentan la primera historia que se les ocurre. No le quito merito, pues bastante difícil es ya escribir una historia, aunque sea mediocre, pero encontrar una buena, buena, buena historia que leer se convierte muchas veces en un gran reto. Pero eso sí, por otra parte, este hecho hace que encontrar esa buena historia bien escrita sea una verdadera delicia.
No hay comentarios:
Publicar un comentario