20 de abril de 2010
Golpe final
Que el deporte es bueno no se pone en duda. Pero el boxeo… ¡Que no dudo yo que el boxeo sea un deporte! Lo que dudo es que sea bueno. Recibir tantos golpes, y más voluntariamente, no puede ser sano. Lo primero por cuestiones físicas evidentes y por posibles (pero reales) lesiones cerebrales que pueden derivar en psicológicas. Lo segundo, lo de recibir tan brutales golpes de forma voluntaria, me parece, cuando menos, preocupante.
Pero más preocupante me parece el hecho de que cuando uno decide ser boxeador, y para ello se entrena, no lo hace para recibir golpes, aunque sepa que los va a recibir y se prepare para encajarlos de la mejor manera posible; lo que más me preocupa es que cuando uno quiere ser boxeador es porque quiere “moler a palos” a otro. ¿Ese deseo desaparece alguna vez?
Lo pregunto porque un amigo mío estaba una vez en una discoteca con su novia y ésta le dio, mientras bailaba, sin querer, un codazo a un chico que estaba detrás de ella. Este chico se puso violento con ella y su novio, alto y de complexión ancha, la defendió. Mi amigo era más grande que el otro (le sacaba dos cuerpos según me dijeron, pero la exageración siempre juega un gran papel en este tipo de historias), pero dio la casualidad que el otro era campeón de no se qué competición menor de boxeo. El resultado fue que “el pequeñín” le dejó a mi amigo la cara como un cristo y perdió su licencia para pelear.
¿Le merece la pena perder su permiso para competir en un deporte por una pelea “de chiquillos” en una discoteca? ¿De haber pensado que esto podía ocurrir habría podido controlar su ira? Supongo que un buen deportista, con la cabeza sobre los hombros, habría dejado a un lado su capacidad noqueadota cuando se tratase de una disputa “con un civil”, pero lamentablemente no todos los boxeadores tienen la cabeza en su sitio.
13 de abril de 2010
Colorín Colorado
Para Carmen Martín Gaite, escritora salmantina que falleció en 2000, uno de los males de la modernidad es que el hombre cada vez narra menos. Ella veía el origen de esto en que a los niños ya no se les cría con cuentos, y para ella, los cuentos infantiles, eran de gran importancia. Buen ejemplo de ello está en su más que recomendable novela La reina de las nieves.
El protagonista de esta novela es un chico, un hombre, que está fuertemente influido por un cuento que su abuela le leía de niño: “La reina de las nieves”, de Hans Christian Andersen. Y está tan influido por el personaje masculino, con el cual se identifica en alguna ocasión a lo largo de su vida, como por el personaje femenino, con el cual también se identifica en otros momentos. E incluso en algún momento se identifica simultáneamente, por distintos motivos, con los dos personajes a la vez.
Como ya he dicho, me parece una novela altamente recomendable. De hecho, varias personas de mi entorno ya la han leído por culpa de mi insistencia. Cierto es que no todas las opiniones que ha causado esta novela entre los que la han leído coinciden con la mía, pero yo, aún así, se la sigo recomendando a todo el mundo. Como también se la recomiendo a la Ministra de Igualdad, Bibiana Aído.
No sé qué considerará ella o los miembros de su Ministerio qué son los “cuentos clásicos” o qué considerarán que son los “estereotipos sexistas”. ¿La reina de las nieves es un cuento clásico? ¿Muestra estereotipos o comportamientos sexistas? ¿Y La Cenicienta? ¿Y Blancanieves? Lo pregunto porque, según se puede leer hoy en eldiariovasco.com, “el Ministerio de Igualdad de Bibiana Aído pretende acabar con la lectura en las escuelas de cuentos clásicos como el de Blancanieves o La Cenicienta porque a su juicio fomentan estereotipos sexistas”. Antes de que esta noticia nos haga entrar en sock y la rechacemos por completo, reflexionemos sobre ella.
Hay quien argumenta, y desde hace ya bastante tiempo, que Disney no le hace ningún favor a los niños presentando a los animales como seres parlantes, amigos unos de otros sin tener en cuenta la diferencia entre las especies ni la lucha animal natural que supone la cadena alimenticia de algunas de ellas. Pero los defensores de esta práctica podrían argumentar, por su parte, que esto les enseña a los niños que no hay que discriminar a otras personas por que sean diferentes. De acuerdo. Salvo que los niños blancos, los niños negros, los niños chinos, etc. son todos niños humanos; mientras que el “niño” Bambi es un cervatillo y su amigo el “niño” Tambor un conejo.
Por otro lado está el modo educativo de Barrio Sésamo, también cuestionado por muchos al presentar la realidad como un eterno sistema dual. Para este programa infantil todo es o sí o no, o bueno o malo. Existen los términos medios. Pero supongo que es difícil incluirlos cuando lo simplificas todo a su expresión más simple. Los niños son niños y están aprendiendo. Pero aprenden. Si le enseñas a un niño que hay mil maneras de afrontar una situación, aprenderá mil maneras de afrontarla; si le enseñas que las cosas son o buenas o malas, llegará en algún momento en su vida a encontrarse ante algo que no sabrá cómo entender, pues hay cosas que no siendo buenas, no son necesariamente malas. Pero enseñar esto a un niño es muy complicado. Muy, muy complicado. Pero no para el niño, sino para el educador.
Los niños (y considero que no sólo los niños, pues sino la publicidad no funcionaría tan bien como funciona) aprenden por imitación. Es cierto. Pero el que en un cuento vean que Pedro Picapiedra va a trabajar a la cantera mientras Vilma se queda en casa cuidando del bebe no quiere decir que más tarde, o simultáneamente, pues además de ese cuento se encontrarán con mucha más información, como por ejemplo la propia situación que vivan en su casa, vean que la mujer también puede ir a trabajar fuera de casa y que el hombre también puede cuidar de su bebe. Aprender a que los cuentos son cuentos también forma parte del aprendizaje.
12 de abril de 2010
Buenas noticias: no hay crisis
España contribuirá con 2.500, 3.594, 3.600 ó 3.675 millones de euros (dependiendo del periódico en que se lea…) a combatir la crisis en Grecia. Esto no puede más que significar una cosa: ¡en España no hay crisis!
Yo no logro explicarme, y lo llevo intentando un tiempo, cómo un país que no tiene dinero para pagar las subvenciones al desempleo puede contribuir con tanto dinero a evitar la crisis de otro. Y no me lo explico por la sencilla razón de que me dijeron una vez que las matemáticas eran una ciencia exacta. O hay dinero o no lo hay. ¿Se puede pagar a los desempleados? No, no hay dinero. ¿Pero unos meses más tarde… se puede prestar dinero a Grecia? Sí, unos 3.000 millones de euros.
Desde hace ya bastante tiempo se nos viene diciendo que España es el país que peor y el que más lentamente está saliendo de la crisis, y sin embargo, hoy en elpaís.com se puede leer que el nuestro será el cuarto país que más aporte en este plan de rescate a Grecia. A mí, cuanto menos, todo esto me mosquea. Y no me atrevo a preguntar de dónde ha salido el dinero que ahora tenemos para pagar crisis ajenas que antes no teníamos para pagar las propias, pues capaz considero al gobierno de decir que este dinero lo han traído los Reyes Magos. ¿En abril? Pues sí. Si tragamos con que el dinero de las arcas del Estado lo traen los Reyes Magos, porqué no aceptar que lo hacen en abril.