Ayer, 10 de mayo de 2009, se celebró en Madrid la Sexta edición de la Carrera de la Mujer de Madrid 2009. El objetivo era recaudar fondos que se destinarían a la lucha contra el cáncer de mama.
En esta carrera podían participar "todas aquellas mujeres mayores de 12 años que lo deseen, siempre que estén correctamente inscritas".
El precio de inscripción era de 6€, uno de los cuales iría destinado en concepto de donativo a la AECC (Asociación Española Contra el Cáncer).
Me parece una iniciativa estupenda: fomentar la práctica del deporte al aire libre y en familia (pues se podía participar por grupos formados por madres e hijas, suegras y nueras, hermanas...), y al mismo tiempo concienciar a la sociedad de la necesidad de financiar estudios en la dirección de la prevención y curación del cáncer en general y de mama en particular.
Pero, yo me pregunto: Si el objetivo era ese (conseguir fondos para la lucha contra el cáncer fomentando el deporte), ¿por qué no dejar participar a todo el mundo? Hay mucho hombres que corren. Hay mucho hombres que participan en todo este tipo de carreras y de iniciativas. Y, desgraciadamente, también hay muchos hombres con cáncer. De mama también. El número es pequeño pero también hay.
Aunque suene algo raro o algo "fuerte", esta iniciativa, aunque buena, me parece que es algo de "paripe". Si el objetivo es conseguir cuanto más dinero mejor, cuanta más personas participen, mejor. Además, de los seis euros de inscripción, uno solo de donativo me parece poco. Considero que las camisetas, por ejemplo, o el chip que cada corredora debía llevar, podían haberse ahorrado y haberse hacho así mayor esa donación.
11 de mayo de 2009
10 de mayo de 2009
Mercado Medieval en la Plaza de la Luna de Madrid
"Es un mercadillo medieval. Los hay en todas partes. Es un negocio para el ayuntamiento". Es lo que se oye a pie de calle. O, más concretamente, lo que yo oí en la C/ Luna el otro día. Y es que hay un Mercado Medieval en la Plaza de la Luna de Madrid.
Cierto que no es el primer mercado medieval que se hace. Cierto que, a lo mejor, el encanto que tiene siendo novedad, puede que ahora lo haya perdido en parte. Y cierto también, que no deja de suponer un beneficio para el ayuntamiento. Pero de ahí a decirlo con ese desprecio...
Hay mercados medievales más grandes y más pequeños. Los hay más bonitos y más feos. E incluso los hay que cambian la forma de vida de todo un pueblo, así como su decoración urbana, durante unos días. Pero este de la Plaza de la Luna debo reconocer que no está nada mal.
Es grande. Es bonito. Y es muy variado. Puedes encontrar (como es habitual en este tipo de mercados) desde puestos de juguetes de madera, hasta puestos de anillos artesanos, pasando por puestos de todo tipo de comida. De estos últimos yo destacaría dos, por distintos motivos.
Un par de puestos de comida que hay en la plaza estos días tienen expuestas unas sendas rebanadas de pan con tomatito picado, aceite, jamón... o bien con chorizo, o con queso, o con... ¡Es que sólo de mirarlas se hacía la boca agua!
Otro de los puestos de alimentación que me llamó la atención era uno de dulces que sí podían ser medievales, como almendras garrapiñadas, por ejemplo, y otros dulces que dudo mucho que existieran por aquel entonces, como, por ejemplo, las chuches.
Este tipo de mercados es negocio seguro para los ayuntamientos, sí. Pero también es una delicia para los ciudadanos. Y un modo de vida para los artesanos medievales, que, aún en nuestros días, siguen existiendo.
Os animo a ir a visitarlo.
Cierto que no es el primer mercado medieval que se hace. Cierto que, a lo mejor, el encanto que tiene siendo novedad, puede que ahora lo haya perdido en parte. Y cierto también, que no deja de suponer un beneficio para el ayuntamiento. Pero de ahí a decirlo con ese desprecio...
Hay mercados medievales más grandes y más pequeños. Los hay más bonitos y más feos. E incluso los hay que cambian la forma de vida de todo un pueblo, así como su decoración urbana, durante unos días. Pero este de la Plaza de la Luna debo reconocer que no está nada mal.
Es grande. Es bonito. Y es muy variado. Puedes encontrar (como es habitual en este tipo de mercados) desde puestos de juguetes de madera, hasta puestos de anillos artesanos, pasando por puestos de todo tipo de comida. De estos últimos yo destacaría dos, por distintos motivos.
Un par de puestos de comida que hay en la plaza estos días tienen expuestas unas sendas rebanadas de pan con tomatito picado, aceite, jamón... o bien con chorizo, o con queso, o con... ¡Es que sólo de mirarlas se hacía la boca agua!
Otro de los puestos de alimentación que me llamó la atención era uno de dulces que sí podían ser medievales, como almendras garrapiñadas, por ejemplo, y otros dulces que dudo mucho que existieran por aquel entonces, como, por ejemplo, las chuches.
Este tipo de mercados es negocio seguro para los ayuntamientos, sí. Pero también es una delicia para los ciudadanos. Y un modo de vida para los artesanos medievales, que, aún en nuestros días, siguen existiendo.
Os animo a ir a visitarlo.
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